08 - RESPUESTA A LA DISCUSIÓN DE RICARDO PUCHADES. Juan Francisco Artaloytia Usobiaga

PRIMERAS LÍNEAS



Querido Ricardo:

Antes que nada, quisiera agradecer tu inteligente discusión y tus amables palabras. Mucho de lo que comentas está en sintonía con lo ya desarrollado en la ponencia, luego no me voy a extender en ello. Simplemente, recalco que también opino que el esquema puede servir para entender algunas heterosexualidades. Voy a seleccionar dos cuestiones que planteas:

La primera, me dices que echas en falta una mayor referencia a la escisión y renegación y al narcisismo y los devenires identificatorios. Empiezo por la renegación y la escisión. Como he señalado en varios apartados, me interesa proponer una integración o síntesis de la lectura de derecha a izquierda y de izquierda a derecha del esquema de la Y tumbada. La lectura de derecha a izquierda es la freudiana clásica, centrada en lo intrapsíquico del aparato mental del niño, en la que desde una lógica ya edípica, habría que considerar a la madre (persona ya diferenciada del hijo) como carente de pene (asumiendo la diferencia de sexos) y por lo tanto «castrada». La posibilidad de una castración pondría además freno a sus deseos incestuosos. La renegación o desmentida consistiría en no aceptar la percepción de la ausencia de pene en la madre, y por ende la no aceptación de la diferencia de sexos ni de la posibilidad de una castración que ponga límites a los deseos incestuosos. La escisión del yo supondría que por una parte se reconoce la castración, y por la otra se reniega o desmiente. Todo este planteamiento es de indudable utilidad, pero el lenguaje que se utiliza es muy edípico, muy secundarizado. En la lectura de izquierda a derecha nos encontramos sin embargo también con cuestiones de relevancia. Nos centramos en una perspectiva más indiferenciada entre los psiquismos de bebé y madre, con una dimensión más interpsíquica en un primer plano; no se ha alcanzado aún la diferenciación entre la representación cosa de la madre y la del hijo; pueden formar parte de un magma indiferenciado, simbiótico, en que la madre puede vivir a su hijo aún como una parte de sí misma (perversión materna, en contraposición dialéctica a la censura de la amante), como un apéndice de ella, constituyéndose literalmente en una extensión fálica de su ser. Como si el niño hubiera sido literalmente fagocitado o no hubiese llegado a salir del todo del vientre de la madre.



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